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Jueves, 10 de septiembre de 2026
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Tu cerebro también necesita vacaciones del modo alerta

Publicado el 25-08-2026

Tu cerebro también necesita vacaciones del modo alerta

La dificultad para dejar de revisar el correo o silenciar el móvil durante las vacaciones puede revelar una dependencia emocional del trabajo. La psicóloga clínica de Quirónsalud Córdoba Victoria Rodríguez explica por qué el cerebro necesita tiempo para salir del estado de alerta permanente y cómo facilitar esa transición.


Revisar el correo sin que haya una necesidad real, sentir ansiedad al alejarse del trabajo o regresar de vacaciones más cansado que al inicio son señales de que algo no funciona bien. Según Victoria Rodríguez, jefa de servicio de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba, la clave no está en las horas que se pasa conectado, sino en 'el grado de libertad o control que tiene una persona para desconectar'.

El síndrome de la desconexión: qué le pasa al cerebro al inicio de las vacaciones

Después de meses respondiendo a correos, reuniones y demandas constantes, el sistema nervioso se acostumbra a funcionar en un estado de alerta elevado. Por eso, el comienzo de las vacaciones no implica una relajación inmediata: el cerebro necesita un periodo de transición para abandonar esa hipervigilancia.

Durante los primeros días pueden aparecer inquietud, nerviosismo, dificultades para dormir, despertares nocturnos, cefaleas, tensión muscular o la necesidad casi automática de consultar el teléfono. Es lo que se conoce como síndrome de la desconexión: el cuerpo empieza a relajarse mientras la mente sigue respondiendo a exigencias laborales que ya no existen.

'Desconectar no ocurre de forma automática. Igual que necesitamos un tiempo para acelerar, también necesitamos un tiempo para desacelerar', apunta la especialista, que recomienda vivir esta transición de manera progresiva y sin convertirla en una nueva fuente de presión.

Cuando el trabajo sirve para evitar el silencio interior

La conexión permanente puede tener también una dimensión emocional. En determinadas personas, mantenerse ocupadas actúa como una estrategia de evitación: el trabajo proporciona estructura y una sensación de control que resulta confortable, especialmente cuando el tiempo libre deja aflorar emociones o preocupaciones que durante el año han permanecido en segundo plano.

Las vacaciones pueden hacer más visibles ciertas dinámicas personales o familiares, precisamente porque desaparecen las demandas externas que mantenían la atención ocupada. En estos casos, seguir pendiente del trabajo no responde solo a obligaciones profesionales, sino a la dificultad para tolerar la desconexión emocional.

La psicóloga recuerda además que el aburrimiento tiene una función reparadora: los periodos de baja estimulación permiten al cerebro descansar, procesar experiencias y recuperar recursos atencionales. 'Cuando llenamos cada momento libre con pantallas, redes sociales o tareas laborales, privamos al cerebro de ese espacio de recuperación', advierte Rodríguez.

Cómo desconectar de forma progresiva sin generar más ansiedad

Para personas con alta autoexigencia o puestos de gran responsabilidad, pasar de la disponibilidad total al silencio absoluto puede generar más ansiedad que beneficio. La recomendación es reducir progresivamente la disponibilidad y establecer límites claros:

Fijar una única franja diaria y limitada para revisar asuntos urgentes, en lugar de permanecer pendiente de las notificaciones. Desactivar avisos, delegar responsabilidades antes de comenzar el descanso y comunicar claramente la ausencia son medidas que ayudan a reducir la sensación de obligación permanente.

'El objetivo no es pasar de estar disponible las veinticuatro horas a desaparecer por completo, sino enseñar al cerebro que no necesita permanecer en alerta constante para que las cosas sigan funcionando', subraya Victoria Rodríguez.

Una desconexión saludable no consiste únicamente en apagar el móvil. Supone recuperar progresivamente la capacidad de estar presente en lo que no tiene que ver con el trabajo, tolerar los espacios de silencio y permitir que el cerebro abandone el estado de alerta. Solo así el descanso es realmente reparador y permite afrontar la vuelta con más energía y recursos psicológicos.

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