Tenis: el deporte que puede alargarte la vida hasta diez años
Publicado el 01-07-2026
Un deporte que trabaja el cuerpo, activa la mente y construye vínculos sociales en cada partido
El tenis, un deporte completo para cuerpo y mente
El tenis es mucho más que un duelo de golpes al otro lado de la red. Practicarlo de forma regular convierte cada partido en un entrenamiento integral que trabaja el organismo desde múltiples frentes —físico, mental y social— y lo hace accesible a personas de cualquier edad y condición física. No es casualidad que varios estudios longitudinales lo sitúen entre los deportes con mayor impacto positivo sobre la longevidad y la calidad de vida: quienes lo practican de manera habitual presentan, de media, una esperanza de vida hasta diez años superior a la de las personas sedentarias.
Tampoco exige unas condiciones físicas de partida excepcionales. El tenis se adapta al nivel de quien lo practica: desde sesiones de iniciación en las que simplemente se busca mantener el peloteo, hasta partidos competitivos de alta intensidad. Esa versatilidad es precisamente uno de sus grandes activos como deporte para la salud.
Un motor para el corazón y el cuerpo
Cada punto disputado en una pista de tenis implica arranques explosivos, cambios de dirección, saltos y extensiones de brazo que activan prácticamente todos los grupos musculares. El esfuerzo aeróbico y anaeróbico que se produce de forma alternada durante un partido mejora la capacidad cardiovascular, reduce la presión arterial y contribuye al control del peso corporal. En una hora de juego a intensidad moderada es habitual quemar entre 400 y 600 kilocalorías, una cifra comparable a la de la natación o el ciclismo.
La coordinación óculo-manual se ve especialmente beneficiada, ya que golpear una pelota en movimiento exige una sincronización constante entre vista, cerebro y musculatura. Los continuos desplazamientos laterales, los frenazos bruscos y los cambios de apoyo fortalecen tobillos, rodillas y cadera, articulaciones especialmente vulnerables con el paso de los años. Con una técnica adecuada y un calzado apropiado, el tenis puede practicarse sin riesgo elevado de lesión incluso en edades avanzadas.
El trabajo de la musculatura del tren superior es otro de sus puntos fuertes. Los golpes de fondo, los saques y las voleas implican de forma activa hombros, bíceps, tríceps y la cadena muscular del core, contribuyendo a un fortalecimiento funcional que tiene beneficios más allá de la pista. Una musculatura abdominal y lumbar bien desarrollada, por ejemplo, es uno de los mejores seguros frente al dolor de espalda crónico, uno de los problemas de salud más extendidos en la población adulta.
El partido también se gana en la cabeza
El tenis es un deporte de toma de decisiones permanente. En fracciones de segundo el jugador debe elegir el tipo de golpe, la dirección y la potencia, lo que mantiene el cerebro en un estado de alerta sostenida que estimula la concentración y la agilidad mental. Varios estudios han relacionado la práctica habitual del tenis con una mejor memoria de trabajo, mayor capacidad de atención sostenida y una respuesta más eficaz ante situaciones de presión.
Pero los beneficios cognitivos no se limitan a la velocidad de reacción. El tenis obliga también a desarrollar la capacidad de planificación táctica: leer el juego del rival, anticipar trayectorias, decidir cuándo arriesgar y cuándo construir el punto con paciencia. Todo ello ejercita funciones ejecutivas del cerebro que resultan valiosas en la vida cotidiana y que, con la práctica constante, se mantienen activas durante más tiempo a medida que envejecemos.
A esto se suma el efecto bien documentado de la actividad física sobre el estado de ánimo. La liberación de endorfinas y serotonina durante el ejercicio actúa como un regulador natural del estrés y la ansiedad. En el tenis, donde la concentración requerida durante el juego impide que la mente divague hacia preocupaciones externas, ese efecto se potencia: la pista funciona como un espacio de desconexión real. Muchos jugadores habituales describen sus sesiones de entrenamiento como el mejor antídoto contra el agotamiento mental acumulado durante la semana.
Un deporte que conecta personas
A diferencia de muchas disciplinas individuales, el tenis tiene una dimensión social inherente: siempre se necesita un rival o un compañero de dobles. Esa interacción fomenta vínculos, combate el sedentarismo de forma motivadora y hace que el compromiso con el ejercicio sea más fácil de mantener en el tiempo. El elemento competitivo —incluso en su versión más amistosa— añade un aliciente que muchas personas no encuentran en actividades como correr o ir al gimnasio en solitario.
Los clubes de tenis funcionan además como espacios de encuentro intergeneracional, donde la pista iguala a jóvenes y mayores bajo las mismas reglas. Para las personas mayores en particular, esta dimensión social del deporte tiene un impacto significativo sobre la salud mental: mantener relaciones activas y un entorno de pertenencia reduce el riesgo de aislamiento y depresión, dos factores que inciden directamente en la calidad de vida durante el envejecimiento.
Empezar a jugar tampoco requiere una inversión desorbitada. Una raqueta de iniciación, unas zapatillas específicas para tierra batida o pista dura —según la superficie disponible— y acceso a una pista pública son suficientes para dar los primeros golpes. Córdoba cuenta con instalaciones municipales que permiten iniciarse en el tenis sin barreras económicas, y la oferta de escuelas y monitores federados ha crecido notablemente en los últimos años, facilitando un aprendizaje técnico desde el principio que reduce el riesgo de malos hábitos posturales y lesiones futuras.
(En la fotografía que acompaña al artículo vemos al joven tenista cordobés Dani Martínez en un entrenamiento).
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