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Lunes, 13 de abril de 2026
reportaje

Llega el buen tiempo y vuelve la bici: así debes prepararte para disfrutarla al máximo

Publicado el 20-03-2026

Llega el buen tiempo y vuelve la bici: así debes prepararte para disfrutarla al máximo

El entrenamiento cruzado y una alimentación bien planificada son las dos claves para sacar el mayor partido a las rutas de primavera sin lesiones ni bajones de energía


Con la llegada de las temperaturas más suaves, los carriles bici y las carreteras secundarias vuelven a llenarse de ciclistas. El buen tiempo actúa como el mejor reclamo para descolgar la bicicleta del gancho o inflar las ruedas después de un invierno de entrenamientos más esporádicos. Pero reincorporarse a la práctica ciclista con garantías requiere algo más que ganas: exige una planificación inteligente que combine entrenamiento cruzado y una alimentación adaptada a las nuevas exigencias del cuerpo en movimiento.

No todo es pedalear: el entrenamiento cruzado como aliado

Uno de los errores más comunes entre los ciclistas aficionados es creer que para mejorar en la bicicleta basta con pasar más horas encima de ella. Sin embargo, el entrenamiento cruzado —es decir, la incorporación de otras disciplinas deportivas en la rutina semanal— es una herramienta fundamental para progresar de forma integral y sostenida.

El ciclismo solicita de manera intensa los músculos de las piernas, especialmente cuádriceps, isquiotibiales y gemelos, pero tiende a dejar en segundo plano el tren superior, el core y la zona lumbar. Estos desequilibrios musculares no solo limitan el rendimiento, sino que abren la puerta a lesiones que pueden aparcar la bicicleta durante semanas.

La natación es quizás la actividad complementaria más recomendada para ciclistas: fortalece el core y la musculatura del tronco sin ningún impacto articular, lo que la convierte en ideal para quienes padecen molestias en las rodillas. El running, por su parte, mejora la capacidad pulmonar y la resistencia aeróbica general, aunque conviene introducirlo de forma progresiva para evitar sobrecargas. El yoga y el pilates completan el cuadro con una mejora notable de la flexibilidad y la postura, aspectos esenciales para quien pasa horas inclinado sobre el manillar.

La recomendación es dedicar uno o dos días semanales a estas actividades complementarias, alternándolas con los rodajes en bicicleta y reservando al menos un día de descanso completo. Este enfoque no solo hace al ciclista más completo, sino que también rompe la monotonía y mantiene la motivación alta.

La despensa del ciclista: antes, durante y después

Si el entrenamiento es el motor, la alimentación es el combustible. Y en ciclismo, tanto lo que se come como el momento en que se come marcan la diferencia entre completar una ruta con energía o llegar al límite antes de tiempo.

Antes de salir, lo ideal es realizar una comida principal entre dos y tres horas antes del rodaje, rica en carbohidratos de absorción lenta: avena, arroz, pasta integral o pan integral son buenas opciones. Se pueden acompañar de una proteína ligera —huevo, yogur natural— y una pequeña cantidad de grasa saludable, como un puñado de frutos secos. Así se garantiza que los depósitos de glucógeno muscular estén bien cargados antes de girar los primeros pedales.

Durante la salida, la estrategia varía según la duración. En rutas de menos de hora y media, el cuerpo puede sostenerse con sus reservas propias y una buena hidratación. Para esfuerzos más prolongados, es fundamental aportar entre 60 y 90 gramos de carbohidratos por hora, ya sea mediante barritas energéticas, plátanos, geles o bebidas isotónicas. Estas últimas tienen el valor añadido de reponer también los electrolitos perdidos con el sudor, algo especialmente importante cuando las temperaturas suben y la transpiración aumenta.

La recuperación postentrenamiento es quizás el momento más infravalorado de toda la cadena nutricional. En los primeros treinta minutos tras bajarse de la bicicleta, los músculos tienen una capacidad máxima de absorción de nutrientes. Aprovechar esa ventana con una combinación de proteínas y carbohidratos —un batido de recuperación, fruta con yogur o arroz con pollo— acelera la regeneración muscular y reduce la fatiga para el siguiente entrenamiento.

La hidratación, por último, no debe limitarse a la salida. Un ciclista bien hidratado durante el día rinde más, se recupera mejor y sufre menos calambres. Con el calor primaveral ya presente en Córdoba, beber agua de forma constante a lo largo de la jornada no es opcional: es parte del entrenamiento.

Pedalear cuando el sol acompaña es uno de los grandes placeres de vivir en Andalucía. Hacerlo bien, con la cabeza puesta en el entrenamiento integral y en la alimentación adecuada, es lo que convierte cada ruta en una inversión real para la salud.

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